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Las Verdades de Miguel 684 – 17 de agosto de 2018

Miguel Salazar da sus opiniones y las noticias más controverciales en Las Verdades de Miguel, hablando esta semana sobre los problemas económicos tan graves que esta pasando el país, también nos expresa un poco la situación de falta de empleo que están pasando los venezolanos en estos momentos tan difíciles en la nación y la gran cantidad de desempleados que va aumentando poco a poco. Por otro lado, opina de manera negativa sobre los cambios en la economía del país, hablando la reconversión monetaria y el aumento del precio de la gasolina.

Las verdades de Miguel

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Mi comentario de la semana

Las Verdades de MiguelAl presidente Nicolás Maduro. Le diré que este trabajo de advertirlo sobre los problemas del país me aburre profundamente, sobre todo cuando no encuentro respuestas; sin embargo, siempre insisto en ser escuchado. Sumergido entre cualquier cantidad de apuntes, soy de los que piensan que escribir tiene un carácter valiente porque podemos llegar a donde nos propongamos, porque después de todo somos personas y compartimos miserias, necesidades y sentimientos.

Lamento la absurda acción terrorista del 4 de agosto en su contra. No puedo hacer juicios de valor que no sean a los que han hecho las instancias solidarias. Pero alerto acerca de los intentos de vulnerar la Constitución mediante la tortura del tipo que sea, bajo ningún pretexto incluso el de fijar escarmientos. No es sano divulgar las imágenes de detenidos aceptando confesiones, dado que una vez en marcha el debido proceso, en la totalidad de los casos, esas revelaciones son desmentidas cuando sin coacción el privado de libertad, expresa a viva voz su inocencia.

No quiero pensar que nos hayamos extraviado en el sueño del socialismo, sin encontrar la puerta de salida del capitalismo, a no ser que nos pase como al hombre que se metió en una armadura de acero para asustar a sus amigos en una fiesta y nunca más pudo salir de ella.

En mi transitar me he topado con testimonios humanos impactantes y ello me hace suponer que necesitamos gobernantes con la fuerza serena para estas circunstancias, y más aún ante la desventura que se advierte en el horizonte nacional. De mi parte lo que yo pueda hacer por mi país se ha convertido en una obsesión. Para mí sería ideal tener una conversa con usted, sepa que no me amilana lo que tengo que decirle. Si le escribo a alguien sobre los problemas de Venezuela, qué mejor destinatario que su persona.

Así como se perdió la primera, igual destino puede correr la quinta república. Tenemos un Gobierno muy desmejorado que sucumbe a la impunidad y a la desenfrenada distorsión de la finanza pública; pero sobre todo a la ausencia de conciencia ciudadana, esa que hace posible la observancia de los deberes constitucionales y el ejercicio de los derechos.

En esta hora crucial, la economía debe convertirse en un dispositivo básico para el afianzamiento del proyecto socialista. ¿Qué nos cuesta desplegar una política de gasto, principalmente destinado a obras públicas de vital importancia? Acá nadie habla del déficit presupuestario, y ese es un elemento altamente inflacionario. Pregunto si se puede financiar el aumento del gasto público sin tener que requerir préstamos que conllevan al incremento de la deuda pública. ¿Será posible crear una circulación monetaria equivalente, con la cual el Estado pueda pagar a las corporaciones presentes en el desarrollo productivo? Podría tratarse de un sistema distinto que sirva para financiar una política de obras públicas y desarrollar al sector agrícola. Tenemos que buscar una manera eficiente de recuperar la economía; por lo demás, tenemos una ventaja, y es que contamos con todas las materias primas requeridas para un progreso socioeconómico, y ello nos libra de buscar alianzas económicas.

No podemos seguir sosteniendo un empleo ficticio, con la intención de maquillar cifras. Si hablamos de empleo propiamente dicho, nuestro país tiene una de las más altas tasas de desempleo en América Latina; más ahora cuando faltan trabajadores para cubrir los puestos de trabajo disponibles.

El Gobierno no ha encarado los desniveles que en el empleo provoca el capitalismo financiero, los cuales conducen a la sustitución del empleo estable y productivo por los más aberrantes modos de empleo informal, los mismos que algunos funcionarios han estimulado para disimular la altísima tasa de desempleo; sin embargo, la solución no es, como dicen los neoliberales, de dejar todo en manos del mercado, porque ello implica dejar desprotegido al trabajador. Tampoco son remedios los bonos sociales, porque además de ser limitados, atentan contra la integridad de quienes los reciben al ser sometidos a la condición de menesterosos del Estado.

Hoy tenemos una situación de colapso económico que nos lleva necesariamente a un obligado periodo de penurias. ¿Por qué no decretar la emergencia? Sobre todo, en la circunstancia en que se ha desenvuelto el proceso actual, la cual ha incurrido negativamente sobre la construcción de un nuevo Estado anticapitalista. ¿Cómo robustecer una manera de enfrentar con éxito a los enemigos externos e internos que buscan impedir una verdadera revolución en Venezuela?

Igual no se puede negar que la transcendencia de la Revolución Bolivariana y sus objetivos han sido negados deliberadamente a través de una indetenible cruzada de mentiras y de groseras argucias. Pero tampoco los órganos oficiales han podido neutralizar esa monstruosa e infamante propaganda en contra de Venezuela; estamos ante una angustiosa e inacabable estrategia de ejercicio psicológico a escala planetaria, fomentada por organismos de inteligencia exógenos, de tal forma que, para casi todos los países del mundo, nuestro proceso está incoado desde las entrañas de un “monstruo”. Tal campaña ha hecho que hoy sean pocos quienes expresan simpatía por esta Revolución, lo cual acarrea la negativa de invertir en nuestra economía.

Pareciera que la dirigencia gobernante llevara unas gríngolas que le impiden ver la magnitud de la crisis. Desdichadamente, no ha sido acertada, por cuanto, en un tinglado vocinglero de consignas y los aplausos de los aduladores no ha sido capaz de rectificar ante los fracasos.

Cuando se habla de la corrupción no se requiere de una investigación profunda para comprobar la veracidad del delito; porque más que deletreos de eslóganes políticos, se demanda una voluntad indeclinable para enfrentar y someter con éxito a los corruptos que en sí solos representan a los enemigos de la Patria.

Entretanto, quién puede negar el grave problema de los servicios sanitarios que afecta a nuestro pueblo; aquellos son tantos y tan agudos que políticas como la Misión Barrio Adentro, entre otras, han perdido sustancialmente su razón de ser. Otra iniciativa como la Misión Madres del Barrio ha servido para desconocer una verdadera y ejemplar planificación familiar, y contrariamente a lo perseguido ha fomentado la maternidad irresponsable. Otras políticas sociales no pueden llevar el carácter menesteroso que bien puede tener éxito en naciones como Bangladesh, más no en Venezuela. Lo digo a propósito de aquel Banco del Pueblo creado por Muhammad Yonus, cuya idea fue tomada para nuestro país y devino en el desengaño.

Otro raquitismo del Gobierno es la constante rotación de los mismos funcionarios en los altos cargos, lo cual ha servido para hacer del desprecio a las profesiones un altar. Los ejemplos sobran: por Educación ha desfilado una decena de ministros, uno más incompetente que el otro que encuentran cabida en otras funciones importantes. Igual ocurre con la Salud y sus hospitales de sábanas rotas y curtidas, o con la Agricultura, donde un sociólogo destruyó su poca infraestructura agrícola, acabando con Agroisleña, sustituyéndola por Agropatria, y hoy esta última es la suma de unos locales abandonados, revestidos de harapos mugrientos.

Todos sabemos que la minería avanza hacia la ruina y que la electricidad va de mal en peor; que la construcción vive una depresión como nunca antes, donde abundan las obras incumplidas, como el monumental tren Puerto Cabello-La Encrucijada. Que el transporte experimenta su hora menguada, con colectivos chatarras y camiones improvisados que llevan pasajeros como animales al matadero. Otro modelo deprimente es el transporte marítimo con un ferry que fuera insignia en el pasado y que ahora zozobra frente a un muelle destartalado.

Mientras, provoca amargura ver cómo las políticas sociales han beneficiado más a los extranjeros que a los venezolanos, y duele conocer lo mal que nos han pagado los países que han contado casi gratuitamente con el petróleo nacional; hasta en la reclamación del Esequibo nos han dado la espalda. No comprendo el aumento del precio de la gasolina cuando surtimos de petróleo barato a esos Gobiernos. Tampoco puede calificarse de socialista un Gobierno que cohabita con el capitalismo financiero, empobreciendo más a los trabajadores y dándoles a los banqueros riquezas jamás imaginadas.

Duele admitir que después de 18 años no podemos hablar de progreso en medio de las graves deficiencias del país. Acá no se establecen prioridades y el patrimonio mal habido de los funcionarios es restregado en la cara de nuestra gente. Ahora mismo en el BCV se restaura la oficina de su directivo haciendo caso omiso de la austeridad. Son pocas las instituciones públicas que no se han rendido ante la corrupción y la inmoralidad.

Y pensar que, con el socialismo bolivariano, Venezuela estaba destinada a sentarse en la mesa de los países más avanzados, aun hablando con un idioma nuevo que los poderosos no entendían, porque no querían entenderlo porque no les convenía, con los zapatos rotos, pero con la dignidad que le imponía el haber sido en otro tiempo un pueblo libertador. Esa ha debido ser nuestra Venezuela irredenta.

La verdad, aunque duela es revolucionaria. No olvidemos la frase del romano Cayo Julio César ante una sospecha de infidelidad de su esposa: La mujer del César no solo debe ser honrada; sino también parecerlo. Que se sepa nadie conoce a qué sabe una cucaracha, pero es difícil no entender el símil de Ernesto Guevara al comparar con una cucaracha el sabor de la primera bebida que se hizo en Cuba para sustituir a la Coca-Cola.

No a la prepotencia y el creernos la reencarnación de un Mesías. Me parece un error la reconversión y el aumento de los precios de la gasolina al mismo tiempo. Rectifiquemos donde tengamos que corregir para no concederle la razón a quienes dicen que este es el peor Gobierno que ha tenido Venezuela en toda su historia. Un servidor.

PROGRAMA. El próximo domingo 19 de agosto estaré con mis comentarios en Las Verdades de Miguel en TV, a las 10 AM en Canal-i.

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Página oficial: Las Verdades de Miguel

Cuenta oficial Twitter: Miguel Salazar