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Lo que el viento se llevó

Es la película más famosa de la historia del cine épico, histórico y romántico de 1939, Lo que el viento se llevó, fue una adaptación de la novela de 1936, de Margaret Mitchell del mismo título. En esta ocasión, no hablaremos del film, sino del uso que le damos los venezolanos para decir que algo ya no está, ya no existe o simplemente desapareció de repente y rápidamente, así como la quincena, la identidad nacional o el ahorro en nuestras cuentas bancarias.

Lo que el viento se llevó

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Tenemos uno de los enemigos comunes en Venezuela, que no distingue religión o género, es la hiperinflación, que no es más, que una inflación muy elevada (descontrolada), en la que los precios aumentan rápidamente y al mismo tiempo la moneda pierde su valor real.

Gracias a la hiperinflación, hay un rápido aumento en la cantidad de dinero circulante que no es correspondido con el aumento en la cantidad de bienes y servicios, lo que genera un desequilibrio entre la oferta y la demanda de dinero y una total desconfianza en la moneda.

Las últimas cifras de inflación que publicó el Banco Central de Venezuela (BCV), fue en diciembre de 2015. A esto también se le suma, que no se publican cifras de escasez ni de pobreza, lo que conlleva, a un total desconocimiento oficial de la situación y que la credibilidad en estos organismos sea nula.

La emisión de dinero sin control, como a principios del año 2017, el billete de mayor denominación era el de 100 bolívares y en tan solo 11 meses el billete de mayor denominación pasó a ser uno de 100 mil.

Los precios cambian casi que a diario, se puede ver cómo el precio de un jugo o un refresco varía constantemente, con una diferencia de solo días. Los ingresos pierden su valor al instante, el valor del dinero no es el mismo hoy que pasado mañana, lo que se puede comprar hoy, no se podrá mañana.

El madurismo es una máquina de hacer pobres y de cultura acomodaticia, su concepción política y filosófica está centrada a que la sociedad dependa de sus migajas económicas.

El Gobierno hace hasta lo imposible para mantenerse de manera forzada comprando consciencias, con dádivas económicas que sólo terminan por acelerar el proceso hiperinflacionario, al ser un gasto social improductivo, como los “bonos”, ya que ese dinero no servirá sino para comprar, si acaso, la comida de unos pocos días.

En Venezuela, la hiperinflación nos consume cada día, la quincena se va como agua entre los dedos o se la lleva el viento.

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