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¿Y ahora? – Gustavo Tovar Arroyo

En la siguiente edición del reconocido escritor, Gustavo Tovar Arroyo, se dedica a hablarnos sobre, porque el venezolano no debe rendirse ante batallas perdidas en un día, cuando el objetivo final es lo que importa, esto refiriéndose al desánimo latente en la oposición, nos comenta la tesis de su compañero Juan Carlos Sosa, donde podemos ver ideas pacíficas y no tan descabelladas para resolver la situación en Venezuela, la cual también comentan que habían advertido desde hace varios años.

Gustavo Tovar Arroyo

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La emigración hacia nosotros mismos

Hemos sido derrotados en esta batalla, qué duda cabe. Engañarnos es peor. Yo no lo haré. No acostumbro mentir, mucho menos a mí mismo.

En momentos como el actual, recuerdo siempre uno de los episodios más trágicos de la historia de Venezuela conocido como la Emigración a Oriente. Simón Bolívar, derrotado y correteado salvajemente por Boves en Caracas, huyó con miles de citadinos hacia Barcelona para salvar su vida. En el trayecto la gente vivió penurias tan dramáticas como las que estamos padeciendo en la actualidad: hambre, enfermedad, represión, desconsuelo y muerte. La descripción de aquella tragedia eriza los pelos y encoge el espíritu cuando uno la lee, en su huida el Libertador convivió durante largos días fatales entre reclamos, gritos, desesperación, angustia y un tormento ensordecedor.

¿Se rindió Bolívar después de aquella espeluznante derrota? Bolívar no se rindió y hoy llevamos orgullosamente el gentilicio de ser venezolanos porque no lo hizo, ni siquiera ante la más brutal y desconsoladora de las derrotas.

El que tiene sangre venezolana no se rinde.

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El error

Pero si queremos salir de esta peste histórica llamada chavismo, si queremos liberarnos y vivir en democracia, con bienestar y prosperidad, tenemos que luchar y luchar en el terreno que más le duele y afecta a la dictadura: la calle. Cuando lo hemos hecho, los hemos arrinconado; cuando no, ellos nos han arrinconado a nosotros.

El gran error de la lucha en las calles es que ha planteado objetivos falaces: canal humanitario, reconocimiento de la Asamblea Nacional, liberación de los presos políticos, etc. Y no abierta y públicamente el único objetivo real que se persigue: la sustitución de la dictadura narcotraficante y un cambio radical del sistema. El error básico es no plantear con franqueza el verdadero y único objetivo que anhelamos: la libertad de Venezuela.

La victoria moral

La autoflagelación no es buena consejera. Pese al desconsuelo que nos impone la derrota –por ahora– de la lucha política, no podemos desconocer la verdadera y gran victoria que ha impuesto la lucha en la calle en estos últimos 100 días: la moral. Nunca antes habíamos elevado tanto nuestra autoestima como venezolanos, admirado tanto a nuestra gente y a nuestros luchadores como ahora.

Ha sido épico nuestro esfuerzo, admirable en todo sentido. La moral de la lucha, pese a mamarrachadas y traiciones (no hablaré de las regionales, que de ellas hablen los mendigos), está más elevada que nunca.

No solo los venezolanos nos hemos encontrado –y admirado– con lo mejor de nosotros mismos (hecho inédito en el último siglo), los gobiernos del mundo están de nuestro lado, la opinión pública internacional nos aúpa y celebra. El narcochavismo está señalado, perseguido y acorralado mundialmente si persistimos en la lucha en las calles, si resistimos y seguimos, la victoria moral pronto será la victoria política de la libertad.

Reorganicémonos y luchemos, el pueblo venezolano tiene que ocupar masivamente todos los poderes públicos. Todos. Estuvimos cerca de lograrlo, no desfallezcamos.

¿Profetas del desastre o visionarios?

La claridad meridional y coherencia con que Juan Carlos Sosa ha expuesto sus ideas de libertad en los últimos meses lo ha convertido en un referente ineludible de este tiempo. Hay que escucharlo con detenimiento. No improvisa, habla con lucidez y conciencia crítica.

Juan Carlos Sosa, además de ser un entrañable hermano, ha sido y es un compañero de lucha. Desde el año 2002 advertimos al país, junto con Gonzalo Himiob y Alfredo Romero, sobre las características criminales del régimen chavista y anunciamos –¿profetas del desastre o visionarios?– que Venezuela sería una ruina si permitíamos que el chavismo escalara en su poder hegemónico. El tiempo trágicamente nos dio la razón.

La tesis de Juan Carlos Sosa

Juan Carlos y yo no siempre estamos de acuerdo y nuestras discusiones, subidas de tono muchas veces, al margen de la inquebrantable hermandad, mantienen un rigor esencial: el anhelo de libertad para Venezuela.

Quizá la única diferencia de visión entre Juan Carlos y yo en cuanto al drama venezolano, sin que la una difiera de la otra en el objetivo: derrocar al chavismo, es la manera como cada quien postula salir de él.

Para mí –más activista social que estadista– la solución radica en una rebelión popular no violenta acompañada de una masiva desobediencia militar. Para Juan Carlos –más estadista que activista– esa misma solución debe estar acompañada por la alianza con gobiernos extranjeros.

La tesis de Juan Carlos no es del todo descabellada si tomamos en cuenta que un gobierno extranjero (Cuba) es el principal aliado de la narcotiranía chavista.

Puede ser que nos resulte alarmante y antipática la tesis, pero lo cierto es que lo necesitaremos tarde o temprano (incluso liberados del chavismo) para combatir el terrible flagelo criminal que ha secuestrado el país.

Mientras algunos se caen a mordiscos por unas improbables elecciones regionales y, en todo caso, por unas gobernaciones o alcaldías que serán confiscadas en su momento, ¿no será bueno que nos vayamos adelantando a los hechos y busquemos aliados? Esa respuesta te la dejo a ti.

De cualquier modo, para lograr la libertad debe permanecer viva la llama de la rebelión popular en las calles. El objetivo único es derrocar al chavismo.

¿Seguimos?

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