Venezuela en potencia ¿Intento fallido de la revolución?

Publicado el 25 octubre, 2015
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Tras 16 años de gobierno revolucionario, donde venezolanos escucharon proyectos potenciales para una mejor Venezuela, solo nos quedamos con escasez, división, cansancio, deudas y todo lo contrario a lo que se nos había prometido. Claro que todos queremos un país potencia, pero no gobernados por vampiros que nos usaron para su bien y luego nos desecharon; amenazándonos con crear un caos si no siguen en el poder.

Nicolás Maduro y Hugo Chávez

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El 15/08/2015, durante la II Plenaria del Consejo Presidencial de Comunas, el presidente Maduro juró que Venezuela se convertirá en un país potencia. Ya el 16/06/2012, en reunión celebrada en Miraflores con sectores productivos del país, el presidente Chávez había ratificado su intención de transformar el país en una potencia económica. Una propuesta reflejada en el Programa de la Patria 2013-2019: “convertir a Venezuela en un país potencia, por la vía del desarrollo económico productivo“. En esa oportunidad acotó: “gracias a Dios que estamos desprendiéndonos del modelo capitalista, y construyendo nuestro modelo económico socialista, humanista y democrático“.

Estoy seguro que el presidente Maduro y el presidente Chávez no se refirieron al concepto de país potencia acuñado por el teórico marxista italiano Antonio Gramsci, como “aquellos Estados que gozan de la potencialidad y la voluntad para prevenir, o amenazar con la intervención, militarmente y de forma decisiva, y de ejercer su influencia y hegemonía, mediante intervenciones económicas, diplomáticas o ideológicas“. Prefiero creer que ambos han concebido nuestro rol de potencia como lo definen algunas acepciones de la RAE: “capacidad de llegar a ser” o “entidad poderosa o influyente“. No debemos ser amenaza y mucho menos intervenir militar o económicamente a naciones más débiles.

Ningún venezolano puede estar en desacuerdo con la intención de convertirnos en una potencia económica que promueva la paz. Podríamos considerarlo una nueva utopía moral para los países que buscan su auténtica independencia, a través de una economía diversificada, capaz de producir la mayor parte de lo que consume, que crece y reduce la pobreza continuamente, genera empleo bien remunerado, promueve la estabilidad económica, ofrece igualdad de oportunidades, garantiza la libertad, la individualidad, la pluralidad política y religiosa, y sobre todo la solidaridad. Sin embargo, no todos los modelos económicos garantizan la conversión en un país potencia. El quid es seleccionar el modelo correcto.

¿Venezuela en potencia? intento fallido de la revolución

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¿Qué debemos hacer para lograr este objetivo que nos une a todos? Conforme a lo establecido en las ciencias económicas, solo se logra un crecimiento regular si la mayor parte de la población activa está trabajando y la cantidad promedio producida por trabajador medio se incrementa en forma constante. Una mayor productividad es la clave del crecimiento a largo plazo y los factores principales que la hacen posible son tres: el capital físico (maquinarias e infraestructura), el capital humano (conocimientos) y el progreso tecnológico, que es el más importante de todos. También es necesario reducir al mínimo los costos transaccionales. Precisamente los que el propio Marx consideraba no agregan valor alguno.

En consecuencia, es vital eliminar el control de precios, el control de cambio, las intervenciones en la producción y en la distribución de bienes, la permisología, las expropiaciones, la imposición de sistemas de control de ventas por cédula, entre otras, porque generan altos costos improductivos en la economía. Es imperativo desmontar sistemas innecesarios que mantienen a miles de empleados públicos, incluyendo militares, en tareas costosas de fiscalización, control y represión. Eliminar la burocracia improductiva tanto en el gobierno como en el sector privado, la cual estaría mejor haciendo trabajo productivo que agregue valor a la economía. La pregunta es: ¿cuál es el modelo económico que nos permitirá convertirnos en un país potencia? Sin duda, no es precisamente el socialismo que está comenzando a ser desmontado hasta en nuestra hermana Cuba.