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A 26 años del Caracazo

Hoy se cumplen exactamente 26 años de aquel lunes 27 de febrero de 1989, en la ciudad de Caracas un día como cualquier otro se convirtió en la mecha encendida que haría estallar una ola de protestas y confrontaciones entre los venezolanos que dejaría una huella en la historia de Venezuela; pero todo esto debido al descontento del pueblo para con las medidas económicas anunciadas anteriormente por el ministro de Economía.

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Un lunes como cualquier otro comienzo de semana, la ciudad de Caracas amanecía distendida, después de dos días de descanso que, para algunos, comprendía también la mitad del viernes. Ninguna se­ñal anunciaba tempestad de naturaleza al­guna. Pero, apenas se supo que en la vecina población de Guarenas se había producido una masiva protesta por el aumento en la tarifa de transporte, una furiosa llamarada encendió lo que sería un evento que dejó una huella de la dimensión histórica dentro de las grandes confrontaciones sociales de Venezuela.

Hacía apenas poco más de un mes que Car­los Andrés Pérez había asumido la Pre­si­dencia de la República en medio de una celebración que había alcanzado las dimensiones de una suerte de coronación real. En medio del entusiasmo con que se presentaba la aún fresca celebración, el recién designado mi­nistro de Economía, Miguel Rodríguez, había anunciado el “Paquete de Medidas Eco­nó­mi­cas” con que se estrenaría ese gobierno ba­jo los dictados de las políticas neoliberales del FMI y del Banco Mundial.

Pero, sin que se pueda atribuir relación directa entre aquella protesta local por el pago de las tarifas de transporte con el anuncio de estas medidas, la movilización adquirió una velocidad y una dimensión tales, que la transformaron en un verdadero levantamiento cu­ya extensión cubrió toda la capital y otras ciudades del centro del país, tomando completamente desprevenidas a las autoridades. Im­potente para imponer el orden por los medios policiales acostumbrados, Carlos Andrés Pé­rez lanzó el ejército a las calles como fuerza represiva. Los días 27, 28 y siguientes de esa trágica semana, registraron una verdadera matanza con miles de muertos y heridos, mu­chos de ellos inocentes, en sus humildes vi­viendas, además de un número no determinado de desaparecidos. Muchos de los muertos fueron arrojados en fosas comunes, cuyos fa­miliares vivieron un verdadero vía crucis pa­ra identificarlos.

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Se expresaban de esta manera dos fuerzas que, desde los mismos años de la independencia nacional, han venido enfrentándose en Venezuela: de un lado, las oligarquías a las cuales siempre ha dado lugar la concentración del poder económico y político, esta vez en unión descarada con el capital petrolero norteamericano; y del otro lado, las fuerzas populares, frustradas una y otra vez desde los mismos días en que la muerte de Bolívar y la derrota de sus seguidores, las dejara virtualmente huérfanas.

Huérfanas, sí, pero no resignadas.

Vendría después otro febrero. Un 4 de fe­brero. Un día que adquirió rango histórico. Fecha de un vasto levantamiento de jóvenes oficiales de la fuerza armada. Esta vez revelando ante Venezuela, ante el continente y ante el mundo, que aquella esperanza abstracta tenía razón de ser, encarnada en un verdadero líder popular, el Comandante Hugo Chávez.

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Con él, se abre un periodo de transformaciones que reaniman la esperanza y la acción de los pueblos de toda Nuestra América.

Pero, como bien se sabe, las luchas y conquistas de los pueblos tienen el precio de muchos sacrificios. Ni una sola de las conquistas se ha podido lograr sin resistencia y sin una lucha decidida. Y tan pronto logran una conquista, viene la reacción de los desplazados para reocupar los privilegios que consideran derechos seculares. Así son las oligarquías, tan­to las nacionales como las de los grandes centros imperiales. ¿Pueden extrañar entonces, las conspiraciones y campañas que hoy se despliegan dentro y fuera de Venezuela contra la Revolución Bolivariana y contra el Pre­si­dente Nicolás Maduro? Nada nuevo tienen. Sus promotores son los mismos que apelaron a golpes de Estado y sabotaje petrolero contra el Comandante Hugo Chávez. Una y otra vez han sido derrotados. Contumaces como son, no cesarán en sus intenciones y en sus acciones. Pero, la Revolución Bolivariana tampoco está dormida en sus laureles; prosigue el rumbo trazado por quien representa el más grande símbolo de la libertad, de la independencia, la moral y la dignidad de nuestros pueblos, Simón Bolívar, El Libertador. Es el mismo rumbo que siguió nuestro más grande bolivariano, Hugo Chávez.

Hoy, el liderazgo bolivariano encabezado por el Presidente Nicolás Maduro, libra una nueva batalla contra las conspiraciones de la derecha interna con el auspicio abierto del imperio norteamericano. Buscan seducir con dinero a sectores de la fuerza armada, además del fuerte apoyo financiero que prestan a la oposición reaccionaria. Pero han fracasado. Pueblo y gobierno han logrado desbaratar los planes imperialistas y de la reacción interna.

Esa confrontación está caracterizando la dinámica política de Venezuela en estos días. Pero, pese a ello, la nación sigue su marcha por el mismo rumbo, con los mismos valores y principios que guiaron a nuestros heroicos pa­triotas bajo el mando de El Libertador Simón Bolívar.

Son estos, los mismos valores y sueños que hoy están vivos y palpitantes en todo el ser de nuestro pueblo.

Fuente: Granma