No todo está perdido… – Gustavo Tovar Arroyo

Publicado el 18 septiembre, 2017
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En esta edición el reconocido escritor, abogado y activista de los Derechos Humanos Gustavo Tovar Arroyo, explica como ha pensado mucho en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial y lo parecido de la realidad actual del país venezolano, por los millones de venezolanos que se han visto obligados a emigrar por razones políticas, donde el narcotráfico existente es el nazismo de nuestra época, finaliza con frases motivadoras donde afirma que no todo está perdido porque está el venezolano luchador, que ni se cansa ni se rinde, que inspira y motiva a seguir luchando.

Gustavo Tovar Arroyo

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Pienso en ti

He pensado mucho en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, en la resistencia francesa a la invasión nazi y en la batalla total de Churchill contra Hitler de aquellos años. Pienso en sus pueblos, en sus emociones, su agobiante desconsuelo y su terror. Pienso en aquella vivencia brutal y sanguinaria, en la gente arrinconándose con sus hijos y abuelos entre escombros y recovecos, escuchando el chasquido energúmeno de las explosivos y las metrallas, sintiendo los temblores perennes en la tierra bajo sus pies por los bombazos, los gritos de desesperación y los llantos, pienso en el hambre y la sed de aquellos años, en las enfermedades, en la falta absoluta de medicina y en el miedo, sobre todo en el miedo, ese miedo que se entraña cuando cunde la desesperanza y el agobio.

Pienso en todo eso porque he padecido la peste chavista, igual que tú.

Lo único nuevo

Me muero de calor. Escribo a una temperatura de casi 40°C. No tengo internet ni electricidad. Sudo de manera agobiante mientras intento poner en orden mis ideas. No hay orden, ¿cómo podría haberlo? Un huracán nos ha mordido los pasos durante casi una semana y sus estragos aún se sienten. Vivo en el exilio, como millones de venezolanos que nos hemos visto obligados a emigrar por razones políticas, o más bien, por razones que no son políticas, que son antipolíticas, que son inhumanas. Nos enteramos, otra vez, que la oposición venezolana, otra vez, irá a un diálogo con la tiranía chavista, otra vez, en condiciones desiguales, otra vez, sin condiciones ni garantías, otra vez, y que el escenario para tal encuentro es la paradisíaca República Dominicana, otra vez.

Lo único nuevo es que Voluntad Popular se suma al diálogo, otro huracán.

Necesito un salvavidas

He visitado la Inglaterra, Francia y Alemania de la post guerra. Las he visto levantarse de sus cenizas. Son naciones maravillosas, vitales, coloridas. En sus museos uno observa a Monet, Picasso o Rothko. Donde antes uno se resguardaba de las balas y los cañones, ahora uno se toma café y discute sobre Messi o Ronaldo (en realidad no hay mucho qué discutir, el argentino es el mejor de todos los tiempos). En Berlín, particularmente, después de la caída del comunista Muro de la ignominia, uno descubre mejor la posibilidad de reinventarse de las naciones. La primera vez que fui todavía existía el Muro, traspasé sus límites hacia la demacrada Alemania del bloque socialista y en uno de sus museos me topé a otro curioso venezolano, el artista plástico Jacobo Borges. Hoy aquel Muro y los estragados de la Segunda Guerra son reliquias pintarrajeadas, uno se toma fotos frente a ellos. Donde cayeron las bombas hay galerías, hay arte. En una de estás galerías, por cierto, todavía signada por un bombazo asesino de aquel tiempo feroz, en mi última visita a Berlín visité la exposición del artista disidente chino, Ai Weiwei. Eran unos salvavidas anaranjados para los náufragos de nuestro tiempo: los exiliados, los desterrados, los emigrantes, víctimas del huracán político -inhumano- de esta era.

Quería un salvavidas de esos, llevo un huracán en el pecho. No pude comprarlo. ¿Se compra o se crea el salvavidas?

El nazismo de nuestra época

Puedo escribir lo que me dé la gana, a fin de cuentas dicen que soy poeta, y esos, incluso los inconclusos como yo, tenemos la licencia que nos da el arte para enaltecer o vociferar nuestras sensibilidades o iras. Los que me leen -ya me conocen- saben que soy de los que vocifera, no me callo ni me callan. Me tiene sin cuidado lo que digan. No tengo salvavidas, soy náufrago de las aguas huracanadas de la Venezuela de mi tiempo, nado a contracorriente, me creí aquello del que se cansa pierde y he decidido no cansarme. Entiendo que otros lo hagan, el huracán los ha sacudido a coñazos, los ha torturado. Sé, lo he visto, que las tiranías tarde o temprano sucumben. La venezolana también sucumbirá. Estamos trabajando durísimo -pero en silencio- para que así sea. La Alemania nazi sólo cesó por acción de una coalición extranjera. Chamberlain dialogó con Hitler y fue humillado; el mundo quedó arrasado por aquel diálogo. El narcotráfico es el nazismo de nuestra época.

¿Dialogamos?

Los chamberlaines venezolanos

Venezuela es más grandiosa que su política y estos tiempos lo han corroborado. Lo vivido en el exilio lo demuestra. No haré un inventario de hechos, la heridas aún están abiertas, sólo destacaré que a pesar de los yerros y las abominaciones de algunos “chamberlaines” venezolanos, nuestra tradición, nuestro arte, nuestra lucidez perviven. No han muerto ni morirán. No todo está perdido, quedas tú, quedo yo, queda un extraordinario nosotros que ni cede ni se rinde. Estamos por todas partes, somos mayoría. Volveremos a casa más conscientes, con un bagaje de aprendizaje y conocimiento que nos facilitará reinventar un país, originarlo. Seremos origen, sí, lo seremos. Habremos sobrevivido el huracán y discutiremos pendejadas en los cafés, visitaremos galerías y museos, nos mearemos con gusto en las imágenes de Chávez, nos tomaremos fotos en los reductos arqueológicos que nos dejará la peste chavista y pondremos el salvavidas -objeto de arte- en nuestras paredes como memoria de lo que jamás debió ocurrir, pero ocurrió. Así será, estoy convencido.

No todo está perdido porque estás tú, y tú…, sí tú, eres esa bella palabra que ni se cansa ni se rinde, que nos inspira y motiva a seguir luchando, tú eres Venezuela.

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